jueves

1995

-I-

mecida por el tranco suave del ferrocarril a vilna hojeaba/ entredormida/
unas revistas/ el níspero amargo de la campiña conserva el helado sino
de la inútil espera/ pero no llega a tocarla así/ como estaba/ protegida
por la carcasa tejida en la paciente siderurgia de gdansk/ hojeaba/
entredormida/ la suave llanura de polonia/ sembrada de espectros y el
reflejo/ del sol inocente/ golpeó la puerta/ del vagón comedor y le trajo/
en ese reflejo la sombra/ contenida/ de la espera/

-II-

no se ha borrado el sino de las ferrumbradas caballerías del siglo
diecinueve/ el rumor de las tabernas donde se leían las cartas de la
condesa walewska prometiendo a bonaparte/ queda el deseo/
derramado/
por la espada y el cuello/ rendido/ el códice que se esconde
en las encerradas galerías de los nísperos/ que crecen como conejos/
en lo llano entredormido/

-III-

"para desenredar el ovillo rojo hay que tomar la punta y tirar"

dijo la condesa walewska en una de sus cartas escritas
en el boulevard sebastopol
tazas chinas rendidas a la siesta
parís
resulta un incendio de cosacos
y el zar
se toma revancha
no soporta el brillo
de polonia
en la frontera

-IV-

se suponía que era la medusa/ la que horroriza y convierte en piedra/
pero tuvo/ el deseo de la duda/ y bajó la guardia/
se aprovechó perseo/ torció su brazo/ la puso
de rodillas/ desenvainó la espada/ la tomó con fuerza para no equivocar
el golpe
pero tuvo
también él
la duda
o el deseo
de la duda
y viéndola así
rendida
bajó la guardia
rozó su cuerpo
desnudo
se llenó las manos

-V-

la espalda contra la pared que divide un compartimento de otro/
algo arqueada hacia delante/ para que el cuerpo roce mejor el golpe
que lleva al centro de la herida que sangra
y se toma revancha/
suave terciopelo humedecido lo recibe
no hay espinas
ni alambrada de púas
ni cosacos
defendiendo esa provincia
sólo la espalda separada de la pared a no ser por los omóplatos/ único
punto de contacto/ mientras vuelca el cuerpo hacia delante y busca
la sed
de quien la invade

-VI-

tres días de saqueo
son suficientes
para rendir
la voluntad saqueada
de antemano

-VII-

después vuelve al vagón
se arregla el pelo con descuido
se sienta hecha un ovillo
valiéndose de la ausencia
casi total
de pasajeros
adormecida y abandonada deja
entrever en una de sus mangas
un hilo
rojo
suelto

(Un eco de la condesa Walewska)

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