martes

1985

es el viento el que baja/ ahora/ en mi lugar/ la cuesta/
pero ya no hay órbita/ es otro puerto este puerto en el que miro
el río que termina en los puños de encaje de las olas
que se deshacen contra la vieja muralla de los ichimonji/
no está tan lejos aunque parezca estarlo/
es suyo el sonido que escucho cuando pasa/ hacia atrás/ buscando
la otra ventana que dejé abierta en el fondo de la casa para atrapar/
el sonido/ el suyo/ que pasa/ hacia atrás/ por delante
el sonido apurado del viento que cae/ inocente/ en la trampa
que le tiendo/ busca el punto de escape/ la luz del proyectorista
toma el lugar del aire/ quieto/ que yo rasgaba entonces
con el impulso de la cuesta en la que se desbocaba la ondina/
verde claro/ arañando el balastro con las ruedas gastadas de los años
de la infancia/ ahora/ dejo que el viento pase/ que me alivie/
que limpie la sangre del año muerto/ en el feudo traicionado/
hijo del diablo el atardecer cambia su rostro una y otra vez
para impedir que deje de mirarle/
primero es la doración del que parece el penúltimo momento del día/
águila escamada que se tiende como un manto sobre la piel del río/
después una cinta naranja intenso que se tensa en el horizonte/
la espada en el cuello separando lo posible/
bolsa de mandarinas que asia no comprende/ lo dorado del río
va virando entonces al púrpura/ pero no es éste todavía
el penúltimo instante/ por un tiempo/ no sabría decir cuánto/
mutan la piel del río/ la franja tensada/ la formación de nubes/
antes de apagarse concentra su fuego en el granate/ virando
las nubes hasta forzarlas a esculpir una réplica/ exacta/ del monte fuji/
cónico/ irreal/ violeta/ con el pico terminando en las nieves eternas
de los castillos de madera en los que el rey lear
aprende
su otro idioma

(Akira Kurosawa estrena Ran)

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