sábado

1934

hablar de ella
con ese estilo casi documental que la memoria le impone a las palabras
ya vendrá la propia noche
a encargarse de sus trampas
y de sus fantasmas
que envejecen
como todos
se deja empujar por el embrujo simple de la fábula/
no opone resistencia
cuando la nitidez
descarnada
de la multitud de la estación de buenos aires borra
el reciente recuerdo de los toldos
se sumerge
en el tumulto recién abierto
descubre
temblando
la belleza de la ciénaga que de verdad apetece y se sabe
a la vez
apetecida
cae el día de la mañana siguiente
tras los edificios de avenida de mayo que todavía no ha visto/
trae entre las manos un cuerpo
y el ruido apagado de sus plantas
en la alfombra deslucida del primer hotel de buenos aires
merodea
los grises paseos de la muerte
deja paso a la fascinación de la otra fábula
sin historias laterales
ni personajes secundarios
sólo el presente que se destruye a si mismo y así perdura

(Eva Duarte llega a Buenos Aires procedente de Los Toldos)

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