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Artículo de Alicia Migdal en Brecha

Luego de editado el libro poemas encontrados en una sala vacía, la poeta y crítica Alicia Migdal publicó el siguiente artículo en el semanario Brecha, de Montevideo.

CARLOS LISCANO/ROBERTO LóPEZ BELLOSO

El encierro y los mundos

por Alicia Migdal

Los veinte años de edad que separan a Carlos Liscano de Roberto López Belloso (nacidos respectivamente en 1949 y 1969) son también veinte años de distancia existencial y de diversa lectura del mundo.

Cada uno tiene una edad representativa de dos estadios del Uruguay del medio siglo: la del uruguayo que estuvo preso y la del que creció durante la dictadura. Un corte abrupto en nuestra historia de continuidades más o menos tranquilas. El nomadismo cultural de Roberto López Belloso (RLB); la cárcel y el exilio de Carlos Liscano (CL); el "estar" de ambos entre las palabras como topografía de sentido, ancla y viaje; los modos poéticos opuestos (el obsesivo laconismo de CL, la serenidad narrativa de la poesía de RLB) acercan por oposición a ambos escritores. O por la sencilla sucesión del tiempo y sus edades. Los dos ganaron en el año 2000 el Premio de Poesía de la Intendencia Municipal de Montevideo. Fue un premio compartido por La sinuosa senda y Poemas encontrados en una guía Michelin (y otros paisajes). En ambas obras hay, desde el título, una idea inicialmente emparentadora de camino, transcurrir, viaje, derrotero. Pero el viaje de Liscano es hacia un interior claustrofóbico y atormentado, aun cuando el poeta se inserte en otros ámbitos geográficos, y el de López Belloso es hacia el mundo que está en las fronteras de un antiguo pasado histórico y del presente en ruinas de la Europa Central y balcánica: la cárcel de la mente en uno, y el horizonte ensimismado de lo diverso en el otro.

No es la coincidencia de un premio compartido la que los reúne en esta nota. Pero sí es aquel premio el que permite leerlos, porque una de sus funciones sociales es hacer que los libros se publiquen y circulen. Ediciones del Caballo Perdido editó La sinuosa senda y Ediciones Imaginarias Poemas encontrados en una sala vacía, que no es el texto del premio. Éste permanece inédito, al igual que Poemas encontrados en un año cualquiera (mención Casa de las Américas 2002): el libro édito tiene fecha 2001 y se instala, entonces, entre uno y otro. Los textos viajan a ritmos diferentes de los del poeta y periodista que se desplaza por el mundo. La lectura completa de los tres conjuntos de "poemas encontrados" de RLB da cuenta del desarrollo del poeta, que se supera en cada unidad, crece de golpe en la percepción conjunta. La unidad temática de sus tres libros permite una lectura global y el descubrimiento del poeta hasta ahora secreto que es, en su trabajo público, una firma erudita y precisa que escribe en este semanario sobre esa misma Europa Central, balcánica y lejana, que analiza desde el periodismo.

CL ha forjado desde hace años un perfil de alto relieve en la narrativa del intimismo masculino, y es en ese aparente oxímoron donde ha ofrecido lo más original de su voz. La experiencia de lectura de ambos ofrece, sin forzar la interpretación, un testimonio de antípodas poéticas, temáticas, generacionales. Viajes de sustancia diferente, hacia lugares distintos del yo y de su representación en el mundo.
El mundo literario de CL es básicamente un mundo de dos, de un dúo fantasmático, el de la víctima y el victimario en un diálogo imposible que adopta distintas definiciones, posiciones y situaciones en la organización escrita. Es en el acto de ser representados o nombrados que se constituye el mundo literario de CL. Relatos como los de El informante y El furgón de los locos, o cruzas literarias como las de El lenguaje de la soledad, documentan el lugar singular de CL en nuestra literatura: es el único varón que a partir de la revelación de su cuerpo torturado ha indagado literariamente la detallada intimidad de ese cuerpo con la conciencia. En los poemas de La sinuosa senda las palabras buscan la precisión de una radical ajenidad, la de uno y el otro, la de uno y lo otro, y esa ajenidad, sufrida y contemplada, atraviesa toda su literatura y construye su yo. La de CL no es una literatura de preso en el sentido realista, descriptivo y testimonial. Es más, la cárcel como experiencia no es nombrada en este libro, pero existe en el contexto del lector de Liscano, que conoce su obra. Y si alguien lo leyera por primera vez y empezara por La sinuosa senda, encontraría en este texto las huellas simbólicas de experiencias innombrables. Porque la literatura de CL es la de un ex preso que ha sido definido en la vida por una experiencia fundamental y ha seguido trabajando ese carozo o situación central definitiva: él y otro en una lucha fantasmática, encerrados en una relación que no termina nunca, a la que la libertad sólo ha beneficiado como espacio en expansión y que remite siempre a uno mismo, a un yo que se funda constantemente a partir de un lenguaje auscultado sin tregua. Tal podría ser una definición del amor pasional y su contradictorio estatuto, si no fuera porque en este libro el otro no existe como deseo. O no existe, así sin más. Este encierro de dos, encierro en la mente, es en cambio una definición de las consecuencias ontólogicas del odio, que busca una voz superadora de la agonía y de su descripción. Busca el silencio, elogia la no-palabra y el saber sin un proceso de comprensión, pero sólo puede hacerlo con el sistema que las palabras le han proporcionado. La de CL es una voz que se coloca a distancia para contemplarse en el largo y saboreado conocimiento que se reconstituye continuamente en el acto de la escritura. Por eso en estos textos hay un erotismo no dicho, el del conocimiento carnal de uno mismo, sin el otro. Erotismo del sufrimiento y de la seca escritura. Ser "naturaleza", "animal hablante", "un loco y un lúcido", "cazar la caza para cazarse". Como en sus breves piezas teatrales, como en Miscellanea observata, su anterior libro de poesía y de prosa poética, se recrean constantemente en el discurso poético de CL las situaciones fundantes de su condición de escritor, que fueron su condición de preso, de uno sometido a otro, y en la que La mansión del tirano era el lenguaje en pugna. Uno de los dos epígrafes de La sinuosa senda, el que corresponde a Jaime Gil de Biedma, resume la tentación y el horror de este amor-odio: "Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,/ y la más innoble/que es amarse a sí mismo".

López Belloso viaja por el mundo, por el cine, por las diferencias culturales, y en ese tránsito hay por su solo designio, por su natural movimiento deseo del otro y de lo otro. Como las películas, que corren delante de nuestros ojos esa "cinta" que se desplaza y nos lleva con ella, la poesía de RLB va abriendo miradas sobre imperios perimidos, domos, pilares, desiertos, ciudades en ruinas que salen del pasado o vuelven a él, y en las que siempre hay estatuas, mujeres antiguas y modernas de la realidad y del cine (la estudiante rusa, la muchacha polaca, la hija del inglés, la mujer de la pollera roja de cuero). Pero ese friso es intimista, no épico. No podía serlo, ya que lo que observa el poeta es un mundo que se ha quedado sin héroes grandiosos y sin dioses. Su contemplación del paisaje exterior es tanto una meditación como un testimonio; en ambas situaciones, el lenguaje da cuenta del que mira y de cómo es mirado aquello que absorbe los ojos con su presencia majestuosa y su mutilación incorporada como marca estética. Lo extranjero y remoto, visitado y reconvertido por las palabras, se integra naturalmente a una experiencia poética que nada tiene de exotismo cultural, sino que constituye un momento de lo posmoderno: un ir entre culturas, el tranquilo desafío estético de conocer lo distinto, el trasladarse a los lugares de los que ha venido una parte de la población del Río de la Plata pero ahora es un territorio doblemente lejano y a la vez hiperpresentificado por la devastación, la guerra y el paso del tiempo. Lo exótico es esta nueva situación que ha reconvertido los orígenes de nuestro cosmopolitismo en misterio de lo enajenado, de lo separado por las nuevas guerras. Este nuevo exotismo es la "anatomía dramática", el efecto de "el eco en occidente", el hecho de que "el espacio es la perspectiva/y la seducción", de que "esta es praga (...) envuelta como un niño muerto/en el sudario dorado/de su belleza más inútil" y de que "roja es polonia/los manequíes usan negros sombreros de cosacos/el vodka/sabe a hierbas desconocidas/y se llama gorzka la muchacha". Lo exótico es el mundo sin más. ¿Quién le hubiera dicho a Baudelaire tal cosa?.

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