martes

1946

un sendero rojo en la antigua montaña rusa de madera era tu vestido en
kaliningrado
todavía los trenes no pasaban fácilmente la frontera
y las enterradas piezas de cristal no se habían
perdido en el barro de la casa
años en que la verdad incontrastable era la seda de la china
traída en barcos portugueses a los puertos bálticos/
para que tensara tu forma
de esperar
en la pequeña sala de las estufas de cerámica verde
el rey navegante construyó su imperio
miró el horizonte desde los puertos cercanos a lisboa
cristianizó las costas de oriente
colocó grilletes sobre las gentes de cabo verde
mató en yokohama
incendio aldeas
sembró el terror
y todo fue justicia
era necesaria la seda negra de la china en el andén del último puesto
fronterizo
la tiniebla de lo que se aleja
el vacío en el estómago de una tarde en la montaña rusa
tu ignorado pasado en la ciudad de kant
la proposición analítica
-las montañas rusas son rusas-
el rojo de tu guardarropas que descubre
que la verdad no es otra cosa que una moneda de cambio
el tren rápido llegará hasta lituania si finalmente se quiebran
las barreras comerciales
no será necesaria entonces
la furia de los barcos del rey surcando los mares entre seda y pólvora
las mujeres de kaliningrado no llevarán
entonces
el grito y la sangre
en los largos vestidos de fiesta que trocaban por el ámbar de los túneles
secretos
pero la tiniebla
la roja tiniebla de tus ojos clavados en el lado prohibido de la mesa
montaña rusa de madera/
que se parte

(La ciudad donde había nacido Kant pasa a llamarse Kaliningrado)

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